La llamábamos la casa vieja y era nuestro refugio. El peligro inminente de algún derrumbe la convertía en un lugar vedado para los más pequeños y en el mejor espacio para nuestros secretos.
La niñez dio paso a la adolescencia, las escondidas a las citas, las eternas charlas y el descubrimiento de un mundo pleno de preguntas lo íbamos devanando cada tarde.
El centro del gran salón tenía un hogar y en las tardes de invierno reinaba el fuego que alcanzaba a dar luz a las primeras sombras de la tarde y cargar de magia los relatos y los sonidos que llegaban de los distintos lugares de la enorme y abandonada casa.
Las siestas y el sol que entraba de pleno por la ventana nos servían de excusa para mirar ese mundo de gritos, plenos de testosterona, nos alcanzaban desde el patio de la bodega al otro lado de los árboles...
Soñábamos y la música nos llevaba tan lejos, leíamos esos romances de amores imposibles y éramos heroínas y princesas con las rodillas marcadas por los juegos...
La casa vieja, que era un espacio de esa magia de los años nuevos, fue el nido y la testigo de mis tardes de fugas y rateadas donde ir al colegio no era la mejor opción...la mejor era esconderme y perderme entre sus sombras...
Violeta Scandura

bellissima descrizione violeta, brava e sensibile come sempre!
ResponderEliminarConcetto
Gracias por leer mis escritos...Gracias por estar siempre cerca.
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