Era "la casa de la tía Rosa" y era nuestra ... "enfrente" nombres comunes para nosotros...los Scandura, los hijos del Oscar...
Nacimos y crecimos en las afueras del pueblo, rodeados de casas de parientes, en el campo, cerca de las vías, entre las fincas y las acequias.Todos rodeando la casa que construyó mi bisabuelo. Mítica casa de finca con una bodeguita familiar, galpones y corrales.
Quienes la caminaron y recorrieron sus rincones pueden dar fe de lo que voy a contarles...Quienes pasaron por allí y vivieron sus olores y los colores envejecidos de sus paredes y patios, son testigos indiscutibles de todo lo que en ella vivía...
Quienes la caminaron y recorrieron sus rincones pueden dar fe de lo que voy a contarles...Quienes pasaron por allí y vivieron sus olores y los colores envejecidos de sus paredes y patios, son testigos indiscutibles de todo lo que en ella vivía...
Magia...los espacios se abrían y la oscuridad era la aliada de los juegos en el comedor...Las puertas se cerraban al sonido de las risas y vida adulta quedaba tan lejos de nuestros mundos de niños.
Y no era uno el espacio elegido, brindaba tantas posibilidades de vivirse y asirse, envestirse y apropiarse de su encanto particular. No tenía un dueño, era de todos. Quien haya podido pasar por sus rincones se hacía propietario, alcanzaba el poder de encontrarse en su lugar.
Los patios, el galpón, la bodega, la viña, la pileta, las acequias, los espárragos... los duraznos, el nogal, el callejón, los patos, las gallinas, los gatos de la Rula, los perros, los carneos, el macho que cada lunes partía con el tío Juan Pepa para trabajar su finquita.
El Miguelato, los osos, los hijos del Arito,los del Oscar, los del Héctor, los Pizzolo...Los García, el tío Juan y la tía Isabel, los Gabutti, la tia Pinota, el nono Angel...los festejos de Santa Rosa y las empanadas con sorpresas de la tía Negra... la abuela María, la Negra Barrionuevo, el Joqui, Martín, Raquel...los fines de año, año nuevo, un lechón adobado con querosene y el irremediable enojo. El cumple de la Pepa y Mauricio esos primeros de año...los encuentros, los brindis, el tio petiso Gabutti y su acordeón...la mesa larga, el corredor, el horno, la higuera...todos eramos de ella, y era de todos...
No quedaron rincones sin ser descubiertos y vividos. No quedó pileta en la bodega sin ser convertida en casita, en escondite, en lugar apropiado...Todo era de todos y los gritos de enojo de la tía Rosa no nos llegaban...ella no tenía intención de que quebraran la magia. Los lanzaba por costumbre...
La música que manaba de su interior llegaba a cada rincón de la cuadra y los sonidos del patio, con el caminar de sus duendes y las flores, y la tierra mojada, la cosecha, los chorizos secos, las uvas colgadas, las herramientas del tío Guillermo la cotidiana vivencia de búsquedas en todas partes...y los encuentros y los juegos y las guerras de bandas que se armaban. Guerras por tesoros inventados, por bolsas sin valor que tanto valorábamos...
Las caídas, las risas, los llantos, todo pasó, todo se fue, pero creo que no del todo...nunca se irá del todo...los duendes están allí, la están rondando, la están cuidando....

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