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sábado, 7 de mayo de 2011

Soñaba toda la familia con un varón....el esperado sucesor de un apellido. El nombre estaba pensado. Pero llegué un viernes de carnaval, con todo el corso y la música de las comparsas... 
Al nacer no eran pocas las voces con poder para elegir nombres. Dos abuelas y una madre. No se pudo evitar el embiste de tanta energía...pero también había un padre que no se relegaría a quedar fuera. Él dejó que las mujeres opinaran y aceptó la decisión...me llamaría Nora (elegido por mi nona paterna) Violeta (por ni nona materna) y Magdalena (en honor a mi bisabuela, mi madre le hizo ese homenaje...Las Magdalenas pululamos en la familia. De ese modo mi identidad quedó establecida...NORA VIOLETA MAGDALENA.
No fue fácil aprender a escribirlos a todos...no fue fácil ir por la vida completando tanto papelería con tantos nombres. 
Pero aún quedaba una voz con fuerza de ley que dispuso que no era suficiente, mi papá me llamó Leti. 
Y fui Leti para los cercanos, los amigos de la infancia, la familia. Y fui La Tía Leti para mis sobrinos y Leti para mis nonos...
En este tiempo y por el face, pude encontrarme con muchos de esos amores que conocen a la Leti, y vuelvo a sentirme la niña salvaje que fui, la indomable de rodillas marcadas y pantalones rotos de jugar...
Soy Leti  en ese tiempo de niñez y de frutas robadas en los árboles de mis vecinos. No pude trasladar ese nombre a donde vivo. Jamás pude ser Leti en Ushuaia. Me lo he preguntado y sé la respuesta, La Leti tenía otro tiempo, otro color, otros sabores, otros abrazos, los que reencuentro cuando vuelvo a mi pueblo, a mi gente, a los que conocen a la Leti,...

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